En la Mostra de Venecia, tras los dos platos fuertes de Black Swan y Machete, ha habido un desequilibrio. Pero, claro está, si pones los dos platos fuertes, al principio, luego, queda descompensado. Y, ahora, lo estamos viendo.
Julian Schnabel y su nueva cinta Miral, ha sido abucheado y duramente criticado. Una gran decepción para los críticos que esperaban mucho más. Una cinta en la que se anunciaba una oda al entendimiento entre dos pueblos: israelí y palestino. Pero, se ha convertido en un conjunto de estereotipos, que llegan a provocar vergüenza ajena. La historia sucede ante los ojos de Miral, una palestina joven que descubre el mundo y la realidad que está sucediendo – a finales de los años 80- y que el espectador acompaña hasta la firma de los acuerdos de Oslo. Aunque el propio director advirtió que todo sus trabajos traen polémica. “Cualquier manifestación artística es política. No veo un cuadro sólo para divertirme , de la misma forma que no hago mis películas sólo para entretener (…) Era mi responsabilidad, como judío americano contar esta historia desde el otro lado”. Pero, a los críticos el resultado no les ha gustado nada.
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